“Maléfica” taquillazo y conflicto.


Tras los éxitos de taquilla de Alice in Wonderland y Oz. Un mundo de fantasía (1,025 y 493 millones de recaudación mundial) ahora es el turno de Maléfica, un cuento de hadas que aborda el original de La Bella Durmiente desde, mayoritariamente, el punto de vista de la presunta villana. Dirigida por el debutante Robert Stromberg, diseñador de producción y responsable de FX de las producciones anteriores y Avatar, la nueva aventura familiar de Walt Disney Pictures es ante todo un vehículo al servicio de Angelina Jolie, que encuentra aquí la ocasión perfecta para lucir su evidente atractivo y carisma. Maléfica va a arrasar en las taquillas -se lo adelanto ya- pero es gracias al trabajo de la actriz, presente en todo momento, que la película de Stromberg funciona a pesar de los pesares.

Que en esta ocasión, son muchos. Sin la artesanía -aunque sea mecánica- de Tim Burton o Sam Raimi, responsables de las dos películas citadas más arriba, Maléfica se encomienda a la creación de un mundo de hadas digital, a sus constantes y fascinantes efectos visuales (por una vez, pude distinguir el dichoso 3D de manera gloriosa) y a la presencia de su bella actriz protagonista, que ciertamente se come la pantalla y al espectador con patatas. Pero sin que esta vez, lamentablemente, medie un verdadero guión de por medio. El libreto escrito por tres nombres relevantes como son Linda Woolverton -que actualizó para bien o para mal los relatos de Lewis Carroll y L. Frank Baum- así como Paul Dini y John Lee Hancock, carece totalmente de personajes secundarios interesantes (la indefinición de Aurora, interpretada por Elle Fanning, o el rey Stefan de Sharlto Copley dan la medida del fracaso del filme) y por momentos más parece un tráiler alargado hasta los noventa minutos, o el producto de una radical poda de edición previa al estreno, que una verdadera apuesta cinematográfica.

Y es una verdadera pena. Porque estamos, qué duda cabe, ante (casi) una película de superhéroes convenientemente adaptada al moderno universo digitalizado de Walt Disney, perfectamente apto para el consumo infantil, pero también con una voluntad de aportar mayor complejidad moral que los relatos de décadas atrás.

En la película, los personajes femeninos a veces son las víctimas y a veces también los verdugos, y se dañan entre ellas tanto como lo haría uno del género masculino. Lo dicho, una pena que esta vez el cuento no encuentre su tono, que su conflicto no se desarrolle con suficiente peso específico más allá de la fascinante exhibición visual. Estamos ante un previsible taquillazo familiar de cuyos defectos el estudio debería tomar nota.

A favor: Su fervor feminista. 

En contra: El personaje de Aurora merecía más.
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